Es Santiago de Cuba, no os asombreis de nada

Ya le había contado en las primeras charlas, que yo había nacido en una ciudad grande, hermosa y llena de gente humilde a toda hora. Ya me había adelantado con una invitación. La precisión y el cálculo de los pocos días que suponen una “visita” me había llevado a hacer cronogramas para que el tiempo alcanzara, al menos para los sitios fundamentales.

Entonces nos aventuramos 12 horas de rueda, carretera y marabú.  Entonces supo por qué el corazón me da un salto cuando estamos llegando y todavía falta cruzar una provincia. Entonces, solo entonces, cambiamos los tamales por “hayacas”, tomamos agua de manantial y disfrutamos de ese calor humano y terrestre, si a 34 grados se puede hablar de disfrute pleno.

“El santiaguero no duerme compay, o duerme muy poco. Negüe aquí “la calor” es tan fuerte que la gente se sienta en el contén, la acera o el corredor de su casa. Por eso hay personas en la calle to’ el tiempo”, nos decía Leo, cigarro en mano, con aquella ceniza que desafiaba la fuerza de gravedad.

Santiago de Cuba viene a ser la ciudad del “sí se puede”, porque todo está allí, existe, es real, palpable y se disfruta. Organización, limpieza, “pintura y corneta” en buen cubano.

Nos resistimos ante la majestuosa catedral, o aquella vista hermosa de la bahía desde el Balcón de Velázquez. Nos zumbaron los oídos, nos acaloramos, nos sofocamos y nos atrevimos a escalar 1214 metros sobre el nivel del mar, y allá, cerca de las nubes y el sol, descubrimos dónde se unen realmente el cielo y el mar.

La curiosidad nos arrastró una noche hasta La Escalera, un rinconcito caluroso pero divino, donde hace aproximadamente 20 años alguien decidió coleccionar antigüedades. En ese lugar comparten espacio The Beatles y el Septeto Santiaguero. A otro lado se ven recortes del Fidel jóven, en una vieja edición del periódico Granma, mientras coexiste con otro sinfín de “cosas olvidadas”.

Aquí, como en cualquier ciudad de Cuba, hay una mujer en una esquina que vende jabas; o un hombre que habla solo mientras camina cargando una mochila; unos niños que montan bicicleta en un parque y un par de turistas que hacen fotos. Pero Santiago sigue siendo Santiago, no os asombreís de nada.

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One Comment

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  1. Espectaculares postalitas de mi Santiago de Cuba.

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